Usar puntuación: / 2
MaloBueno 

 1

La nueva revisión de Jesucristo Superstar nos demuestra que, con poco, puede hacerse mucho. Con una escenografía mínima y un gran juego de luces, la obra consigue transportarnos en el tiempo y el espacio y, lo que es más importante, logra que nos creamos lo que estamos presenciando.

 

La sala Iturbi del Palau de la Música estaba prácticamente llena cuando se apagaron las luces y empezaron a sonar las primeras notas. El silencio se impuso en el recinto y no se quebró hasta que Leo Jiménez apareció en el escenario, con su melena cubriéndole el rostro, sin dejar ver su expresión. En las butacas había numerosos fans del cantante pero, los que no lo conocían, quedaron prendados de su voz. Con sus primeras notas altas y sostenidas se metió al público en el bolsillo. Prueba de ello fueron las exclamaciones de asombro que se dejaron oír en la sala y que aún fueron más sonoras durante la escena en el Templo. El chorro de voz de Leo dejó a más de uno con ganas de repetir la visita al Palau. 2

Eso sí, no todo el mérito fue del cantante madrileño de heavy metal. Carlos Cabrelles, en su papel del traicionero Judas, llegó a eclipsar en más de una ocasión al protagonista del musical. Destacable también fue la actuación de Gema Hernández como María Magdalena, con una afinación perfecta. Algo que, en cierta manera, podríamos reprochar a Leo Jiménez, al que se le escapó alguna que otra nota fuera de tono. Y, si hablamos de fallos durante la actuación, no podemos dejar de mencionar el más que cuestionable sonido de la guitarra eléctrica, que, sin embargo, no llegó a ensombrecer un -por lo demás- impecable acompañamiento instrumental.

3

En lo que respecta al resto de elementos audiovisuales, si al principio hablábamos del importante papel de la iluminación en el musical, hemos de reseñar que ésta llega a su punto culminante durante la escena de la crucifixión de Jesucristo, en la que dos simples focos consiguen mostrarnos todo el horror y la tristeza del acto. Quizás por eso, al final del espectáculo, el público se sintió obligado a ponerse en pie para aplaudir a músicos y cantantes. Al fin y al cabo, ellos consiguieron que todos nos sintiésemos parte de la historia y, en definitiva, que pasáramos una noche inolvidable.

 

Texto y fotos: Mariló Álvarez

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar